Gestiones irresponsables pone en jaque al balompié local.

Plantillas impagas, juicios de acreedores y el incumplimiento en la cancelación de dinero por transferencias de jugadores, evidenciaron que el fútbol ecuatoriano es una bomba de tiempo. Tres analistas coinciden en que al balompié local le falta constituir una estructura sólida.

Si bien los últimos 14 años significaron el crecimiento del balompié nacional, que cosechó logros inéditos a nivel de selecciones, como la clasificación a 3 mundiales absolutos; y a escala de clubes la conquista de 4 títulos internacionales por parte de Liga de Quito, entre 2008 y 2010, hacia adentro, más allá del espectáculo y la salida de jugadores al exterior, la mayoría de los clubes de primera viven la peor crisis económica de la historia.

Los síntomas de esta crisis son sobreendeudamiento con entidades financieras, no cancelación de salarios a futbolistas, miembros de los cuerpos técnicos y personal administrativo; no emisión de los montos por retención del Impuesto a la Renta, juicios laborales perdidos, ausencia de credibilidad crediticia, falta de fuentes de financiamiento debido a solicitar dinero adelantado por concepto de auspicios y derechos de televisión, no pago de las transferencias de jugadores a otros clubes, corrupción, etc.

De acuerdo a los análisis realizados por el investigador Fernando Carrión, especialista en desarrollo urbano de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), estos indicios son consecuencia de un pésimo manejo administrativo; no tanto por la insuficiencia de ingresos, sino por gastar más de lo que se genera. Para demostrar aquello basta señalar que la tasa promedio de crecimiento económico del fútbol ecuatoriano en los últimos 4 años se dio a un ritmo del 8%, superior al 5% de la economía nacional.

Carrión añade que el desbalance entre ingresos y egresos nació del populismo financiero futbolístico y de un inadecuado marco institucional. El primero se cimentó en la obsesión de directivos por obtener títulos, ofreciendo más de lo que pueden a figuras de primer orden, sin importar los desequilibrios financieros y la transparencia de sus gestiones. Mientras el segundo nació de tener en los clubes profesionales, según la Ley del Deporte, a entidades sin fines de lucro, circunstancia que originó la presencia de fideicomisos, grupos empresariales y agentes deportivos que entregaban fondos, pero a condición de obtener réditos.

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La mala situación de los clubes es el resultado de la irresponsabilidad de los directivos, modelos de gestión caducos y la carencia de planes estratégicos que sostengan proyectos a corto, mediano y largo plazo. Son pocos los casos de equipos gobernados por personas con conocimientos en administración de empresas, marketing o gerencia, que lleven saneada la contabilidad y protejan el patrimonio de los entes a los que representan. A esto se suma la ineficacia de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) para presionar a los clubes morosos a pagar los sueldos pendientes, a través de las sanciones contempladas en sus reglamentos.

A juicio de Giovanny Cárdenas, experto en derecho deportivo, esta realidad se agudiza con la inexistencia de un marco jurídico apropiado. Ecuador carece de normativas que garanticen el respeto a los derechos laborales de los jugadores, permitan sancionar a quienes no hacen cumplir los reglamentos y castiguen a los malos administradores de los clubes.

La mala situación financiera de Deportivo Quito, El Nacional, Deportivo Cuenca… conllevó a retrasos en la cancelación de salarios a los atletas, integrantes de los cuerpos técnicos y resto de trabajadores. Tampoco ayudó la inacción temporal del Ministerio de Relaciones Laborales, que no actuó de oficio frente a casos públicos de incumplimiento patronal, tanto en la erogación de haberes como en el depósito de los aportes al Seguro Social. Esta cartera de Estado solo actuó cuando una de las partes interesadas, la Asociación de Futbolistas del Ecuador (AFE), demandó su intervención.

No obstante, y pese a la buena voluntad que a partir de ahí tuvo el Ministerio de Relaciones Laborales, pesó la falta en el balompié nacional de una legislación acorde a las exigencias modernas. La Ley del Futbolista Profesional luce extemporánea y el Código de Trabajo no cuenta con las herramientas necesarias para regular los contratos deportivos. En opinión de Cárdenas, urgen especificaciones en la normativa laboral deportiva que empaten con los derechos universales del trabajador y con lo dispuesto en la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA).

En cuanto a la conducción financiera, para Cárdenas, más que culpar a la FEF por la no supervisión de presupuestos justificados, los clubes deben asumir en forma responsable su capacidad de endeudamiento. En ese sentido también encuentra una falencia fundamental: ni en la Ley del Deporte, ni en la Ley del Futbolista ni en ninguna otra existe una norma que impute las responsabilidades civiles y penales a los administradores deportivos. Hay clubes al borde la quiebra, pero en ninguno de los casos se señala a los culpables.

Además de estos vacíos, Fernando Carrión ha insistido ante la opinión pública sobre la problemática que implica el aparecimiento de la violencia alrededor del fútbol, provocada por las barras bravas, las cuales, al alejar a los hinchas de los estadios, les quitan a los equipos una importante fuente de ingresos. Tampoco hay un mecanismo jurídico que la destierre de por vida.

Fuente: Diario El Telégrafo.

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